Cómo entré en Vega Sicilia, una de las bodegas más inaccesibles del mundo
¿Sabías que hay una bodega que es casi imposible visitar y es española?
Se trata probablemente de la bodega más famosa de España y, sin duda, una de las más reconocidas del mundo.
Hablo de Vega Sicilia.
Y con respecto a las visitas, su filosofía es bastante clara: no dejan entrar a casi nadie.
Ya puedes ser el mayor experto en vinos, puedes ser su mejor cliente, tener millones de seguidores, ser millonario o todo junto, que ni pagando te dejan entrar.
Pues bien, fíjate que he dicho casi nadie.
Porque hoy te quiero contar la historia de cómo entré yo mismo.
Y no solo eso, Camaleón. También te voy a contar la manera en la que puedes entrar tú.
Esto que te voy a contar ocurrió hace casi veinte años, pero te puede servir, y mucho, para el día de hoy.
Esta es una historieta de las mías.
Escucha el episodio
Si quieres escuchar esta historia con todos sus silencios, su mala leche y su cariño, aquí tienes el episodio completo de Vino para Camaleones.
Harrods, Londres, 2006
Año 2006.
Yo trabajaba en el departamento de vinos de Harrods, en Londres. Quizá el gran parque temático londinense para millonarios. Un templo del lujo disfrazado de gran almacén.
Y no veas si lo era.
Un imponente edificio que ocupa una manzana entera, con ocho plantas abiertas al público y, atención, siete plantas subterráneas de oficinas y almacenes que yo me conozco muy bien, porque tuve que recorrerlas acarreando vino cientos de veces.
Dentro de esos grandes almacenes se vendía el lujo más extremo e inimaginable del mundo. Incluso para mentes millonarias.
Y quizá cuatro artículos más para turistas ajenos a los problemas del mundo.
Yo, que he visto durante años lo que se vendía ahí, he de decirte, Camaleón, que al lado de Harrods, El Corte Inglés sería el bazar chino de la esquina.
Mi jefe por aquel entonces era un tipo listo llamado Mohamed Al-Fayed. Un egipcio que empezó vendiendo refrescos y máquinas de coser para acabar comprando Harrods, un equipo de la Premier League y el Hotel Ritz de París, entre otras gangas.
Pero en mi época tenía una liada de la hostia.
No mucho antes, en 1997, su hijo Dodi Al-Fayed había muerto en un famoso accidente de coche en París junto a su pareja, Diana de Gales, después de supuestamente haberle pedido matrimonio esa misma noche.
Esa historia estaba muy presente en el día a día de Harrods.
Para que te hagas una idea: cada vez que yo llegaba a mi puesto de trabajo, tenía que pasar justo por delante del anillo y las dos copas de Champagne vacías, expuestas en una urna de cristal, con las que Dodi y Diana habían hecho su último brindis antes de salir del hotel y tener aquel trágico accidente.
A partir de ahí, Camaleón, Al-Fayed entró en una espiral de acusaciones a la familia real británica y conspiraciones varias que le llevaron a enemistarse con buena parte de la sociedad británica, extremadamente monárquica en su mayoría.
Incluso se promovió una especie de boicot entre famosos británicos de la época. Elton John, por ejemplo, dejó de comprar en Harrods.
Así que visitar aquellos grandes almacenes ya era una experiencia increíble.
Pero trabajar allí era algo todavía más difícil de explicar por lo extraordinario de algunas situaciones.
La sala de los vinos imposibles
La tienda de vinos estaba en la planta baja.
Ahí estábamos nosotros, abajo del todo, en la última puta planta, sin una puta ventana ni forma de ver si fuera llovía o no, que era lo más seguro.
Teníamos varios miles de vinos. Especialmente de Francia. Y especialmente de lujo.
Lo que más se vendía era Champagne.
¿Los vinos más lujosos? Los grandes Burdeos, seguramente, de añadas míticas como el 82, el 64 o el 96.
¿Los más caros? Los Borgoñas. Aquellos como los Domaine de la Romanée-Conti.
Lo teníamos todo.
Los segundos en el ranking, después de los franceses, como siempre en el mundo del vino, eran los italianos.
Después venían California, Australia, Alemania, Chile, Nueva Zelanda y, ahí muy al fondo, pero mucho, si pasabas los futbolines a la derecha, después del parking, en una esquina, teníamos los vinos de España y Portugal.
Las dos grandes potencias del mundo juntas y con los vinos mezclados.
No fuera caso que fuéramos diferentes.
Pero bueno, al menos ahí estábamos representados.
Y todo ese 11 a 1 también se notaba entre mis compañeros. Éramos seis franceses, dos italianos, un australiano, una chica de Nueva Zelanda y yo, el español de turno.
Más adelante entraría otro compañero mío de Burgos, Abel.
Los mejores vinos los teníamos en una gran sala interior. Una habitación redonda, poco iluminada, en la que realmente te sentías observado por los vinos más caros y míticos del puto planeta.
Todas las bodegas representadas en esa habitación del lujo eran francesas.
Todas, excepto una.
Una bodega que parecía otro Gran Burdeos si la mirabas de lejos, por su forma de botella y por su etiqueta.
Pero al acercarte podías observar claramente que su nombre estaba escrito en algo que no era francés.
Era español.
Se trataba de la mítica bodega Vega Sicilia.
“Me llamo María y soy directora de Vega Sicilia”
Y un día, como cualquier otro, se acercó una chica a nosotros al escucharnos a Abel y a mí hablando en español.
Le hizo mucha gracia que trabajáramos en Harrods.
Nosotros estábamos acostumbrados, porque muchos turistas españoles nos preguntaban a diario cosas como: “Oye, ya que sois españoles, ¿cómo es trabajar aquí?”.
Pero con esta chica pasó algo distinto.
Después de charlar un rato sobre vinos españoles, nos tendió una tarjeta y nos dijo:
“Me llamo María y soy directora de Vega Sicilia. ¿Os apetece que os enseñe personalmente la bodega? ¿Catamos y comemos juntos por allí?”.
Hombre.
Nosotros nos quedamos mirando y dijimos:
Pues vale, ¿por qué no?
Y es que nosotros no lo sabíamos, Camaleón, pero nos acababan de abrir las puertas de una de las bodegas más inaccesibles del planeta Tierra.
Si quieres entrar conmigo en Vega Sicilia, sin llamar a ningún interfono ni inventarte que vienes de parte de María, he preparado un informe especial para eso.
Te guío por la historia, las bodegas y los vinos de Vega Sicilia con mi estilo: claro, directo y bajo en tonterías.
Rumbo a Ribera del Duero
En aquel viaje fuimos tres.
Abel, mi compañero de Burgos. Pascal, de París, que no se perdía ni una y, cuando se enteró, quiso venir sí o sí. Y yo.
Un avión nos esperaba de Londres a Valladolid. Y allí todo fueron buenas sensaciones, como no podía ser de otra manera.
Cuando vienes de Londres, el ambiente español, sobre todo de ciudad pequeña, casi que te relaja.
La comida, por supuesto, te pone en tu sitio.
Y algunos reencuentros con amigos de años atrás en Valladolid hicieron de nuestra primera noche una gran noche que nos quedamos para nosotros.
Pero al día siguiente, pronto, comenzó la mandanga.
Ahí andábamos, Camaleón, de buena mañana, lidiando con la resaca en un coche alquilado por esa carretera que cruza la Ribera del Duero.
Entre tú y yo te diré que no será el paisaje de vinos más espectacular que existe.
A nuestro alrededor no había laderas empinadas ni viñedos de postal.
Hay meseta.
Mucho frío en invierno, mucho calor en verano, pueblos de piedra, caminos rectos y un río que lo explica todo.
El Duero.
Mientras avanzábamos hacia Valbuena de Duero, hacia esa finca casi mítica llamada Vega Sicilia, era imposible no pensar en que Ribera del Duero no siempre fue Ribera del Duero.
A finales de los años 70 y principios de los 80, esta zona todavía no tenía ese brillo colectivo.
Había viñedos, claro. Había bodegas, cooperativas y vino. Pero no había todavía una gran marca territorial reconocida.
Y ahí entra Vega Sicilia.
Porque si la denominación nace por el impulso de varias bodegas, viticultores, cooperativas y gente de la zona que entiende que hace falta organizar el territorio, protegerlo y darle un nombre común, Vega Sicilia surge aquí como el colaborador necesario.
Antes de que Ribera del Duero fuera famosa, Vega Sicilia ya lo era. Mucho antes.
Y también era la prueba de que en ese lugar se podían hacer magníficos vinos, incluso vinos de guarda.
Claro que luego vendrían otros nombres. Vendría Pesquera de la mano de Alejandro Fernández. Vendría la explosión moderna, los 90, los 2000, los vinos súper concentrados, las bodegas nuevas, el prestigio, los excesos, los aciertos, las equivocaciones, los precios altos y, por qué no decirlo, también vinos con demasiada madera.
Todo eso sería el futuro.
Pero todos lo sabían: Vega Sicilia era tan grande en el mundo del vino que no podían dejar escapar la oportunidad de ligar esa nueva denominación de origen llamada Ribera del Duero con el glamour de una de las grandes bodegas del planeta.
Cruzar la puerta
Por fin llegamos a la bodega.
Y he de decirte, Camaleón, que lo que vimos nos sorprendió.
Creo que los tres esperábamos algo tipo castillo espectacular, en plan Château Margaux de Burdeos.
Y lo que teníamos delante, pues no.
A ver, no es que fuera una chabola, pero sí era una bodega que no destacaba entre las demás.
Lo que destacaba era otra cosa.
Su historia legendaria.
Y, sobre todo, el privilegio de poder cruzar el umbral de la puerta de entrada. Esa misma puerta que muy pocos en el mundo pueden cruzar como visitantes.
Porque es ahí dentro donde la historia se convirtió en leyenda.
Y donde se hacen algunos de los mejores vinos de España y del mundo.
Vega Sicilia no es tan inaccesible como parece
Quizá tú conoces bien sus vinos. Quizá has catado muchos, todos, alguno o ninguno.
Pero déjame decirte una cosa:
Vega Sicilia no es tan inaccesible como parece.
Lo digo por si acaso no has catado ninguno.
Sobre todo cuando conoces bien la bodega por dentro y sabes lo que se cuece.
Así que te voy a dar dos formas de entrar en esta bodega casi imposible.
La primera es plantarte tranquilamente en la puerta, llamar al interfono y decir que vienes de parte de María, tal como hicimos nosotros.
Bueno, te vas a tener que inventar otro nombre, porque creo que María ya no está. Aunque quizá hay otra María.
Tú dilo.
“Vengo de parte de María”.
Y a ver qué pasa.
La segunda opción es más sencilla.
Que te haga yo de guía.
No físicamente, claro. Pero sí para explicarte cómo esta bodega histórica se convirtió en leyenda mundial del vino.
Porque Vega Sicilia tiene una historia tan chula que merece ser contada. Y merece que la descubras bien, sin solemnidades raras, sin fichas técnicas imposibles y sin esa reverencia que a veces convierte el vino en una cosa que parece que no va contigo.
Como siempre, yo te lo explico bajo en tonterías.
He preparado el Informe Especial “Vega Sicilia desde dentro”.
Vamos a recorrer el planeta Vega Sicilia: su historia, sus bodegas, sus vinos y esas decisiones que te ayudan a entender por qué esta casa es una de las grandes referencias del vino español y mundial.
Además, te llevas una guía con mis notas de cata para entender qué vinos comprar con más criterio y dónde están esas joyas que no siempre son las más caras.
Lo que no te va a contar una inteligencia artificial
Sin ir más lejos, yo estoy invitado cada año y tengo el privilegio y el honor de asistir a la cata-presentación de todas las añadas de Vega Sicilia para el año siguiente.
En la última, en 2025, caté las añadas de 2026.
Y en esa cata hubo un vino que sobresalió entre todos.
Te aseguro que no fue el más caro.
De hecho, es un vino que tú y yo podemos pagar, tú y yo podemos catar y tú y yo podemos entender para explicárselo a los demás.
Por eso, junto con el informe, te voy a adjuntar una guía con todas mis notas de cata de ese día para que entiendas los vinos de Vega Sicilia que ahora mismo están disponibles y sepas cuál comprar para llevarte la mejor relación calidad-precio.
Una guía chulísima para entender una de las mejores bodegas del mundo.
Todo esto siendo yo tu guía, yéndonos por todo el planeta Vega Sicilia: Ribera del Duero, Toro, Rioja, Hungría y los proyectos que vienen.
Vamos a repasar sus vinos uno a uno. Te los voy a contar y explicar bajo en tonterías, como siempre hago.
Créeme que saldrás con información valiosa. Y, sobre todo, con una idea mucho más clara:
Vega Sicilia no es vino para millonarios. También es vino para ti y para mí.
Hay verdaderas joyas que vas a poder catar, entender y quizá querer probar.
También hay un bonus extra en vídeo que no te esperas para que aprendas todavía más.
Así que, Camaleón, tienes dos opciones.
O te presentas en la puerta de Vega Sicilia, llamas al interfono y pruebas con María.
O te vienes conmigo.
Si te quieres venir conmigo, entra aquí:
Entrar conmigo en Vega Sicilia
El mayor honor
No me digas que no es chulo, Camaleón, volver la vista atrás y ver las cosas maravillosas que le han pasado a uno.
Seguro que tú también tienes muchas historietas, muchas aventuras y muchas cosas que, cuando las recuerdas, te dan ganas de compartirlas con los que más quieres.
Por eso mismo he hecho todo esto para ti.
Porque quiero compartir, grabando este podcast extra y preparando este informe especial, todo lo que no te va a contar una puta inteligencia artificial.
Que te lo cuente alguien que realmente ha estado dentro.
Alguien que ha catado los vinos.
Que los cata cada año.
Y que quiere que tú también los disfrutes y puedas explicar algunas de las historias más chulas del mundo del vino.
Para mí, Camaleón, fue todo un honor poder visitar Vega Sicilia.
Pero te lo digo con la mano en el corazón:
el mayor honor es compartirlo contigo.
Gracias por estar ahí siempre.
Siempre.
Y a los del Club de Cata, que yo sé que estáis también siempre ahí, ya sabéis que esto lo tenéis dentro de la plataforma del club.
Pero si no estás en el club y quieres entrar en Vega Sicilia conmigo, aquí tienes la puerta:
Ver el Informe Especial Vega Sicilia desde dentro
Palabras clave: Vega Sicilia, visitar Vega Sicilia, bodega Vega Sicilia, vinos Vega Sicilia, Ribera del Duero, vinos de España, vino español, Harrods vinos, informe especial Vega Sicilia, cata Vega Sicilia, comprar Vega Sicilia con criterio.
LLEVATE AHORA GRATIS UN CURSO DE CATA BAJO EN TONTERÍAS QUE DESCUBRE TU PALADAR A TRAVÉS DE LAS HISTORIAS DEL VINO. ¿QUIERES CATAR MEJOR?